
Entran por cualquier sitio y una vez dentro, no pueden salir. Su forma hace que cuando el cuerpo intenta expulsarlas ellas vayan entrando en vez de salir. Pueden realizar trayectos larguísimos y nos pueden dar muchos problemas y acabar en lugares muy poco sospechados, como la cavidad abdominal, musculatura profunda provocando abscesos, a nivel pulmonar…
Los lugares más habituales donde las solemos encontrar son las orejas, la nariz, los ojos y entre los dedos, pero podemos sacarlos de cualquier parte del cuerpo.
Si se ponen en las orejas, nuestro peludo no parará de sacudir y sacudir las orejas constantemente. En cambio, si entran en la nariz, no pararán de estornudar y puede que, incluso, salga sangre.
Si se ponen por alguna otra parte del cuerpo, no pararán de chuparse la zona donde normalmente veríamos un bulto enrojecido.
La forma de prevenir las espigas es intentar evitar las zonas más llenas de espigas cuando vamos a pasear y siempre repasar nuestra mascota una vez terminada la salida, ya que así podríamos detectar alguna espiguilla clavada o que esté alrededor por el cuerpo del animal.
